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Etapa 3. Balcanes

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El día 3 de julio amanecimos en Novo Mesto, una pequeña ciudad al este de Eslovenia, caracterizada por su buen estado de conservación y un precioso meandro que divide el centro urbano en dos. Este lluvioso domingo fue el segundo día que dormimos en la ambulancia y en el que pudimos comprobar que su estanqueidad no llega al 100%, ya que nos cayó una tormenta enorme y algunas de nuestras pertenencias amanecieron mojadas. Dado que el día estaba completamente desapacible, que no teníamos ropa impermeable y que no podíamos hacer ni fotografías ni video decidimos para variar, que nos tocaba hacer kilometrada. Nuestro objetivo era ganar algo de tiempo para conseguir llegar el lunes a una capital y solucionar el tema de la luna trasera.

Zagreb

Al medio día llegamos a Zagreb la capital de Croacia y aparcamos en el centro urbano, justo a la derecha del teatro nacional. Disfrutamos comiendo fuet y chorizo en el césped y aunque os parezca que es un detalle irrelevante para nada lo es, compramos una cantidad ingente de cerdo y nos lo teníamos que acabar antes de llegar a Irán sí o sí… o eso creíamos. Callejeamos por la ciudad y disfrutamos de sus zonas peatonales y sus plazas en las que las terrazas mostraban una vida social muy confortable. La suerte nos sonrió y mientras realizábamos un time lapse en la plaza principal, nos encontramos un billetaco de kunas (la moneda de croacia). Dos minutos más tarde ya estábamos sentados en la planta 24 de una cafetería, disfrutando de una perspectiva fantástica de Zagreb.

Zagreb

Cargamos las pilas durante 3 horas y decidimos que antes de acabar el día teníamos que llegar a Belgrado, la capital de Serbia. Kilómetro a kilómetro alcanzamos la frontera y nos tocó esperar en una cola mentirosa, de las que crees que irá rápido pero te llevas un buen zasca en la cara, de nuevo el tiempo que habíamos ganado anteriormente lo perdimos y nuestro plan inicial de llegar a Belgrado a media tarde se había esfumado. Entretanto llegó nuestro turno fronterizo y el agente simplemente con los papeles del coche, los pasaportes y la carta verde ya nos dio la bienvenida a Serbia. Esa noche decidimos dormir en un hostal a las afueras de Belgrado, tenía parking y así conseguíamos dos objetivos: que la ambulancia estuviese en un lugar seguro y de paso darnos una ducha que llevábamos dos días a palo seco. La llegada al hostal fue un dolor, por un lado perdimos mucho tiempo debido al tráfico, estaba bastante alejado del centro y el parking era en la calle. Con todo esto tomamos la decisión de descansar, dejar de lado Belgrado y reponer energías.

Frontera Serbia

Nuestra planificación inicial en grandes ciudades era llegar a media tarde y estar exactamente un día haciendo noche, quizás nos excedimos o quizás no contamos con los imprevistos que por lo que parece siempre acaban surgiendo.

El sol empezó a asomar por nuestra ventana y el lunes 4 comenzó en Belgrado. Nos tocaba tomar una decisión, por un lado visitar Belgrado por la mañana, y por la tarde ir hacia Sofía o directamente ir a Bulgaria y sacrificar Belgrado. Dolió, pero dados los plazos (visados a Turquía, Irán, etc…) consideramos que lo mejor era salir con tiempo y adelantarnos a los posibles problemas en la frontera.

La carretera en Serbia, aunque con un mayor número de baches y alguna zona de un solo carril (estaban realizando ampliaciones) era buena y nos permitía llevar un ritmo alto. Sin quererlo llegamos pronto a la frontera de Bulgaria y aquí ya empezamos con las tonterías fronterizas. En las fronteras normalmente hay tres tipos de paso, el de los peatones, el de los vehículos que no están relacionados con el comercio y los transportes de mercancía. Evidentemente nosotros pertenecemos al grupo de turismos que no quieren comercializar absolutamente nada. Pero siempre te puedes encontrar a algún majete que te diga que por ahí que no y que tienes que comerte una cola de 36 camiones para que te inspeccionen toda la carga. ¿Conclusión? Todo el tiempo que habíamos ganado anteriormente lo perdimos. Llegamos al siguiente agente que nos miró con rostro sorprendido, nos dijo que esa no era nuestra cola y a continuación nos selló todo rápidamente para no hacernos perder más tiempo.

Frontera Bulgaria

Llegamos a Sofia a las cuatro de la tarde y comprobamos un par de sitios que habíamos buscado en internet para hacer la reparación, pero no tuvimos suerte ya que no tenían nuestro modelo, los planes siempre están para torcerse, aunque esta vez de la que giramos a la derecha unas calles más adelante, encontramos un concesionario Peugeot y ahí sí que encontramos la solución, al día siguiente a las 12 teníamos cita y con un poco de suerte un problema menos.

La capital de Bulgaria tiene un alto caos automovilístico, las maniobras ya empiezan a ser aleatorias, las ruedas cantan por todos lados y anticiparse a los conductores es muy complicado. Dormimos en un hotel con parking de verdad y con la satisfacción de poder solucionar el incordio al día siguiente. Allí nos quedamos hasta tarde para poder mostrar el vídeo de la etapa 1 y así daros las gracias a todos los que nos habéis ayudado en esta aventura solidaria.

Al día siguiente fuimos a nuestra cita y por fin solucionamos el problema!! En Peugeot tenían un modelo compatible y a las 2 de la tarde ya estábamos en ruta para llegar a buena hora a la frontera de Serbia. Llegó nuestro turno y el agente al ver nuestro pasaporte dice ¡Españoles! y después ¡LUGO! nosotros ehhh??? y resulta que dos semanas antes, había estado haciendo el Camino de Santiago desde Pedrafita do Cebreiro Como os podéis imaginar después de contar la historia de lo que íbamos a hacer nos selló los pasaportes, nos dijo mucha suerte y buen viaje. Ya nos quedaba poco para pisar el continente asiático.

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