BLOG

Etapa 5. Georgia

No comments

Nuestras últimas horas en Turquía no fueron tan accidentadas como el día anterior. Amanecimos cerca de la ciudad de Trabzon, y sólo teníamos unas pocas horas de conducción hasta la frontera, en una carretera pegada continuamente a la costa del Mar Negro.

Aprovechamos nuestras últimas horas para ponernos a punto, nosotros con un rico kebab, y la ambulancia con un buen lavado y un repostaje combustible.

Llegamos al puesto fronterizo a primera hora de la tarde, y había unas colas considerables para salir del país. Afortunadamente, la mayoría eran pasajeros de autobuses que debían entrar por un control diferente al nuestro, de vehículos, así que llegamos a la zona de inspección de documentos relativamente rápido.

Allí estaríamos cerca de 2 horas, ya que a los oficiales turcos, a uno especialmente, les resultaba extremadamente curioso que nuestra “furgoneta” fuese una ambulancia en realidad.

Frontera Georgia

Tras la espera, entramos por fin en Georgia, la que sería la primera frontera dónde realmente inspeccionan algo la ambulancia por dentro, mediante un control bastante ligero y perros policiales.

Una vez en Georgia, tocaba relajarse un poco, y antes de seguir con las inevitables horas de conducción nos tomamos unas isleñas bien frías en el mar negro georgiano.

Isleña en el mar Negro

Mientras disfrutábamos de las cervezas, empezamos a estudiar el mapa de carreteras de Georgia, y descubrimos que había una que parecía ir bastante directa hacia Armenia. No lo teníamos nada claro, ya que ninguna de las aplicaciones de GPS que usábamos nos mandaba por ahí, y alguna ni la reconocía directamente. Tras un rato divagando, y alguna que otra Isleña, decidimos aventurarnos en esa carretera secundaria…

¡Error! Si algo aprendimos de nuestra elección, es que las carreteras secundarias hay que dejarlas para Europa, o bien tener el tiempo suficiente para volver hacia atrás si se complica demasiado.

Ruinas en Georgia

Nada más cruzar la frontera ya se aprecia que Georgia está bastante peor económicamente que Turquía, y se empieza a apreciar un poco el ambiente soviético: la gente da una impresión menos hospitalaria que Turquía, y hay una descomunal cantidad de policía por todas partes.

El primer tramo de nuestro gran “atajo”, empezó bien. La carretera era medio decente y los paisajes verdes y muy agradables.

Paisaje Georgia

Paisaje Georgia 3

Los problemas empezaron al anochecer, ya que nos adentramos sin saberlo en una zona de puertos de montaña. Nuestro famoso atajo sólo se extendía por unos 150km, pero que al final nos llevarían la friolera de 5 horas de conducción. Aún a día de hoy no sabemos realmente cuántos puertos atravesamos.

Esas 5 horas se hicieron interminables. Poco antes de anochecer el asfalto desaparecería hasta casi el final del camino. La carretera era realmente horrible, no sólo por la falta de asfalto, sino por lo agujereada que estaba y diversos tramos peligrosos, como desniveles bastante pegados o cascadas atravesándola. Pararse a dormir tampoco era una opción, ya que además de no haber absolutamente nada a los lados de la carretera (ni un pueblo ni un escampado llano donde parar), la temperatura había caído bastante, y fue la primera vez en el viaje que pasamos frío.

Carretera infernal

Cascada en medio de la carretera
Llegamos por fin a Ajaltsije, el pueblo en donde acababa nuestro infame atajo, y ahí ya decidimos dormir muy cerca del castillo de Rabati.

Castillo Rabati de noche

Al día siguiente visitamos dicho castillo, y fue una verdadera sorpresa ver lo bien que estaba todo cuidado, ya que hasta ese punto nuestra idea sobre el país estaba bastante deteriorada.

Panorámica del castillo de Rabati

La Sonrisa Nómada en el castillo de Rabati

Castillo de Rabati 3

Ciudad de Ajaltsije desde lo alto de Rabati

Salimos de Ajaltsije en dirección a la frontera armenia, y aunque las carreteras estaban en una condición lamentable, nosotros ya íbamos con otra actitud. Al fin y al cabo, había asfalto y era todo prácticamente llano.

Paisaje Georgia 2

Llegamos a la frontera más curiosa hasta la fecha: literalmente un par de casas en medio de un gigantesco valle donde no hay absolutamente nada (muy al estilo Mongolia).

El valle era impresionante y espectacular, pero no nos dejábamos de preguntar lo difícil que sería para los agentes de inmigración trabajar ahí en invierno, porque en pleno julio ya hacía un frío considerable (el valle está a unos 2200m de altura), y su puesto de trabajo eran unas casetas que apenas estaban preparadas para ese clima.

Frontera entre Georgia y Armenia

Tras pasar el control, en el que apenas nos revisaron, ¡entrábamos a Armenia!. Curiosamente nos quedaron bastantes ganas de visitar Georgia con más tiempo, porque a pesar de los contratiempos paisajísticamente es un país impresionante.

Comentarios

comentarios

El NómadaEtapa 5. Georgia

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *